Brit HaBirionim: Un episodio que pocos conocen porque a muchos complica
En 1930, un grupo clandestino se autodefinió como fascista y exigió un Estado judío soberano antes que nadie. Su rastro conecta el asesinato de Arlosoroff, la fundación del Lehi y una línea directa hasta un primer ministro de Israel.
En octubre de 1930 se fundó en Jerusalén la primera organización judía en Palestina que exigió abiertamente la creación de un Estado judío soberano. No fue el Congreso Sionista, ni Jabotinsky, ni ningún órgano oficial del movimiento: fue un grupo clandestino de apenas un puñado de militantes que se autodefinía, sin ambigüedad, como fascista. Se llamaba Brit HaBirionim —"la Alianza de los Birionim", en referencia a los rebeldes judíos que combatieron contra Roma en el siglo I— y hoy es prácticamente desconocido fuera de la historiografía especializada en el revisionismo sionista.
Origen: la ruptura con todo el establishment
Brit HaBirionim nació de los disturbios de Palestina de 1929 y de la incapacidad de la Haganá para impedir las matanzas de Hebrón y Safed ese año. Sus tres fundadores —el periodista e historiador Abba Ahimeir, el poeta Uri Zvi Greenberg y el traductor Yehoshua Yeivin— compartían la convicción de que el sionismo laborista era demasiado pasivo y de que la propia dirigencia revisionista de Jabotinsky avanzaba con excesiva cautela por la vía diplomática con los británicos. Fue, según los propios historiadores que estudian el fenómeno, la primera organización militante caracterizada por su completa disociación del establishment sionista existente —de izquierda y de derecha por igual.
Una ideología que se llamaba a sí misma fascista
Ahimeir no dejaba lugar a dudas sobre su filiación ideológica: ya en 1928 había publicado una serie de artículos titulada, literalmente, "Del diario de un fascista". Su facción dentro del movimiento revisionista se conoció como "maximalismo revisionista", explícitamente inspirada en el fascismo italiano de Mussolini. Llegó a proponer que se refiriera a Jabotinsky como "el Duce". El propio grupo se veía a sí mismo como la resurrección moderna de los antiguos sicarios judíos que combatieron a Roma.
Su blanco principal no eran, como podría suponerse, los árabes palestinos, sino los propios sionistas laboristas y las autoridades británicas del Mandato. Ahimeir escribió en su diario privado: "Debemos crear grupos de acción para exterminar físicamente a la Histadrut: son peores que los árabes — bombas en sus reuniones." En 1932, activistas de Brit HaBirionim irrumpieron en una conferencia sobre la paz organizada por el jurista Norman Bentwich repartiendo panfletos que calificaban ese tipo de encuentros como "obra de Satán" y "una puñalada por la espalda al sionismo".
El asesinato de Arlosoroff: el episodio que hundió al grupo
El 16 de junio de 1933, Jaim Arlosoroff —jefe del departamento político de la Agencia Judía y figura en ascenso del sionismo laborista— fue asesinado a tiros mientras caminaba por la playa de Tel Aviv junto a su esposa Sima. Dos días antes, Arlosoroff había regresado de negociar con funcionarios nazis el llamado Acuerdo Haavara, que permitía a los judíos alemanes emigrar a Palestina transfiriendo parte de su patrimonio como bienes exportados en lugar de perderlo íntegramente bajo las leyes de expropiación nazi. Ese acuerdo era resistido con furia por Brit HaBirionim, que lo consideraba una colaboración vergonzosa con el régimen hitleriano.
La policía británica arrestó a tres militantes revisionistas: Abba Ahimeir, Avraham Stavsky y Zvi Rosenblatt. El juicio, que se extendió casi un año, dividió al Yishuv entre derecha e izquierda: David Ben-Gurion estaba convencido de que se trataba de un atentado político revisionista; Jabotinsky invirtió enormes recursos defendiendo a sus discípulos. Ahimeir fue absuelto antes del juicio; Rosenblatt, tras el juicio; Stavsky fue condenado a muerte en primera instancia, pero la condena se revirtió en apelación. Un joven árabe de Jaffa llegó a confesar el crimen —y luego se retractó, alegando haber sido sobornado para hacerlo—. El caso sigue oficialmente sin resolver noventa años después.
Vale la pena un apunte que suele sorprender: quien lideró la campaña pública para salvar a Stavsky de la horca fue el rabino Abraham Isaac Kook —el mismo primer Gran Rabino Ashkenazí de la Palestina del Mandato Británico, fundador de las corrientes del sionismo religioso—, argumentando que no había pruebas concluyentes para ejecutar a un sospechoso en esas condiciones. El episodio disolvió a Brit HaBirionim en 1933, pero no disolvió su influencia.
La genealogía hacia la derecha israelí actual
Aquí es donde el hilo se vuelve más incómodo para cualquier relato que quiera presentar al fascismo como un cuerpo extraño, ajeno a la historia fundacional de Israel.
Uri Zvi Greenberg, uno de los tres fundadores de Brit HaBirionim, se integró después de 1948 al movimiento Herut de Menachem Begin —antecesor directo del actual Likud— y ocupó una banca en la Knesset. Tras la Guerra de los Seis Días, se convirtió en una de las voces más destacadas del Movimiento por la Gran Israel, que reclamaba soberanía sobre Judea y Samaria: la misma matriz ideológica que después alimentaría al movimiento de colonos.
La conexión con el Lehi —la organización armada fundada por Avraham Stern en 1940, conocida también como "Banda Stern"— es más directa todavía.
Israel Eldad, uno de los comandantes del Lehi, afirmó explícitamente que un poema de Uri Zvi Greenberg fue uno de los que llevó a Stern a fundar la organización. No es una influencia ideológica difusa: es una atribución causal directa, hecha por uno de sus propios líderes.
Con el tiempo, el legado del Lehi fue reevaluado dentro de la sociedad israelí: muchos de sus antiguos miembros ascendieron a posiciones de prominencia pública. El caso más notable es el de Isaac Shamir, jefe de operaciones del Lehi, que llegó a ser primer ministro de Israel por el Likud. Hoy existe un Museo Lehi en Tel Aviv y actos conmemorativos anuales en su memoria.
Lo que este eslabón revela
Brit HaBirionim existió menos de tres años y tuvo, en términos numéricos, un peso marginal. Pero la genealogía que atraviesa —de sus fundadores a Herut, de su poesía a la fundación del Lehi, de un ex comandante del Lehi al sillón de primer ministro— muestra que el fascismo declarado no fue un episodio aislado ni ajeno a la trayectoria del sionismo de derecha: fue uno de sus eslabones formativos, con nombres y continuidades institucionales rastreables hasta la actualidad.
Es una pieza más de un rompecabezas más amplio —la línea que después seguirá con Kook, Gush Emunim, Kahane y el ascenso reciente de Ben Gvir y Smotrich— que rara vez aparece en las versiones más difundidas de la historia de Israel.
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