Ser judío y ser de izquierda en Chile: una historia que se intenta borrar

Diana Arón fue parte de una generación de jóvenes judíos chilenos que entendieron su compromiso político como extensión natural de sus valores. Este artículo recupera esa historia.

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Diana Arón fue parte de una generación de jóvenes judíos chilenos que entendieron su compromiso político como extensión natural de sus valores. Este artículo recupera esa historia.


Existe una narrativa que presenta la izquierda política y la identidad judía como incompatibles. Esa narrativa tiene una historia corta y una historia larga.

La historia corta es la del conflicto israelí-palestino y su instrumentalización para dividir aguas. La historia larga es más interesante: durante gran parte del siglo XX, ser judío y ser de izquierda no solo era compatible, era casi natural.

Una tradición borrada

En la Europa del siglo XIX y principios del XX, los movimientos socialistas, bundistas, y laboristas tuvieron fuerte presencia judía. El sionismo laborista que fundó Israel era explícitamente de izquierda. Los kibutzim eran experimentos socialistas.

En América Latina, esa tradición también existió. En Chile, en Argentina, en Uruguay, en Brasil, miles de jóvenes judíos militaron en organizaciones de izquierda. Muchos de ellos fueron víctimas de las dictaduras militares que combatían.

Diana Arón y su generación

Diana Arón es uno de esos nombres. Pero hay muchos más. Jóvenes judíos que entendieron que el imperativo ético de su tradición — "si yo solo me preocupo por mí mismo, ¿qué soy?" — los empujaba hacia la justicia social.

No militaban a pesar de ser judíos. Militaban porque eran judíos. Porque habían aprendido que el sufrimiento obliga, que la memoria exige, que la justicia no puede ser selectiva.

El intento de borrado

Borrar esa historia es falsificar el pasado. Es presentar una sola forma de ser judío como la única legítima. Es decir que solo hay una manera de relacionarse con la tradición, con la memoria, con la identidad.

Ese borramiento tiene consecuencias. Hace que jóvenes judíos que hoy se comprometen con causas de justicia social sientan que deben elegir entre su ética y su comunidad. Los obliga a pensar que son anomalías, cuando en realidad son herederos de una tradición larga y honrosa.

Recuperar la memoria

Llevar el nombre de Diana Arón es recuperar esa memoria. Es decir que la izquierda judía existió, que fue asesinada, y que merece ser recordada.

No como curiosidad histórica, sino como tradición viva. Como recordatorio de que la identidad judía nunca fue monolítica, y que la pluralidad es fortaleza, no traición.


Publicado en agosto de 2024