Resistencias Diversas: Arte-Terapia como Liberación Colectiva

En un suburbio de Chicago, una artista convirtió su estudio en refugio semanal de arte-terapia para jóvenes activistas palestinos, donde la rabia y el duelo por Gaza hallaron cauce en pintura, espejos rotos y quemas rituales.

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Resistencias Diversas: Arte-Terapia como Liberación Colectiva

En un suburbio de Chicago, de cuyo nombre no quiero acordarme, vive hace seis años una artista visual oriunda de Indiana con un estudio de arte en una calle principal. Su nombre es Kandi.

Kandi hace sobre todo pintura a gran escala, aunque también interviene mobiliario. Vino a Chicago con su familia para hacer un master de arte-terapia en la School of the Art Institute of Chicago, y luego se quedaron. El estudio de su esposo, de cerámica, está junto al suyo y hace clases varias veces a la semana.

En 2024, Kandi participó como apoyo local a los campamentos universitarios de su localidad. Dentro de los campamentos hizo talleres de arte para carteles de protesta y como arte-terapia. Por medio de su activismo por Palestina y su presencia en protestas en las calles del centro de Chicago, conoció también a jóvenes palestinos que viven en las afueras de la ciudad.

Cuando en el verano del norte de 2024, los campamentos universitarios se eliminaron o se disolvieron, Kandi decidió abrir las puertas de su estudio a la comunidad de activistas por Palestina, y el 6 de junio de 2024 hizo un primer encuentro de arte-terapia allí. El estudio tiene una vitrina que poco a poco se transformó en un espacio de protesta.

Esto, por supuesto, generó una nueva relación de la comunidad del suburbio y los vecinos con el estudio. Algunas personas dejaron de venir a clases de cerámica, pero aparecieron otras. La relación con el arrendatario y muchos vecinos se enfrió, ya que, en su sector, una gran mayoría se mantuvo pro-Israel. Sin embargo, pudo mantener su estudio abierto.

Los encuentros de arte-terapia fueron con jóvenes activistas, muchos de elles palestinos. Durante meses, todos los lunes en la tarde, Kandi creó el encuentro “Art from the Heart,” espacio de arte colectivo inspirado en su formación de arte-terapeuta.

Semana a semana Kandi vio cómo cada uno se expresaba de forma diferente. A algunos, al principio con miedo al pincel, les reiteraba que no había que ser talentoso para participar, y que podían hacer algo que a muchos no se les hubiera ocurrido, y nunca se les ha permitido: cualquier cosa.

Al principio conversaban de lo que habían visto y leído en la semana. Traían materiales, recortes de diario y otros que usaban en collages. Todos traían té y comida para compartir. Kandi vio cómo se forjaban nuevas maneras de relacionarse bajo una experiencia diferente a la protesta de la calle.

En particular recuerda la semana en que se publicó la noticia sobre un joven en Gaza violado por un grupo de soldados de la IDF.

Atendió un grupo grande a la sesión: unas doce personas. Vinieron unos cuantos jóvenes palestinos, y la moral estaba totalmente destruida. Querían llorar, y querían romper algo. “Bueno,” dijo Kandi. “Tengo un espejo muy grande.” Lo dispusieron en el suelo sobre lona en la vereda, frente al estudio. Se alinearon en una fila con pintura. Uno a uno lanzaron pintura con un bate sobre el espejo. Se rieron, se celebraron y se apoyaron.

Cuando se acabó la pintura, quisieron ‘destruir el canvas’. “Con mucho cuidado rompimos el espejo. Ese día mi esposo estaba dando clases en el estudio, y acababan de terminar de construir la vereda. Les pedí que limpiáramos. Con el mismo cuidado que rompimos el espejo, limpiamos la vereda y quitamos todos los demás pedazos de espejo. Pudimos encontrar la misma alegría en crear que en el proceso de limpiar.”

Kandi no recuerda las conversaciones que tuvieron ese día. En ese momento, el grupo se nutrió de procesar en conjunto aquello que ya todos sabían. Necesitaban un espacio seguro para sostenerse, directamente relacionado a los traumas de lo que ocurría en Gaza, y lo que ella llama una ‘liberación catártica.’ Un espacio donde liberarse del pesado silencio que vivían en sus demás comunidades.

“En el taller pudimos ser ruidosos, pudimos hacer desorden, utilizando los materiales que usamos en el arte. Porque, afortunadamente, el arte es visto como algo esencial en la pirámide de nuestra vida, y no es visto como una amenaza.”

Le pregunto por una segunda instancia

Una tarde, al final de una sesión en que pintamos bastante, alguien había pedido que hiciéramos una quema colectiva. Pasamos papeles para escribir algo que queríamos dejar ir y quemar, y otros escribieron simplemente algo significativo y profundo para ellos. Algo difícil de compartir en cualquier instancia.

Tomamos un tarro de metal y fuimos al patio interior del edificio. Se hizo muy tarde y se volvió un buen momento para quemar, en la oscuridad. Leímos nuestros papeles. Hubo llantos, yo tomé un poco de video… y luego nos sentamos a contar historias y reímos y lloramos. En estas sesiones nunca nadie quería irse…

Alguien juntó las cenizas y me las entregó en un jarro.

Fue muy importante para ellos poder decir algunos de sus sentimientos más duros e incluso oscuros en comunidad. Porque permitir que las personas vengan como son, sin exigir “víctimas perfectas” [como ha acuñado Mohammed El-Kurd] es potente. Permitirle a alguien estar enojado, es también permitirle ser humano.

Hoy, el estudio donde ocurrieron estas instancias cerró. Su compañero ceramista arrendó un local más grande, y para celebrar su partida a principios de agosto, Kandi hizo una última sesión de “Art From the Heart.” Esperamos que conocer esta pequeña historia comunique cómo el arte puede sostener comunidades, en un momento en que pocos se atrevían a apoyar a la comunidad palestina frente a círculos que rápidamente criminalizaron a palestinos simplemente por su identidad étnica o religiosa.

Muchas veces no tenemos la respuesta a cómo apoyar a una comunidad sin pertenecer a ella, y el ejemplo de Kandi muestra que no necesitamos más que coraje, iniciativa, y ser plenamente quien somos. Lo cual, por simple que suene, no es tarea fácil.