Judaismo y sionismo: Una fractura histórica

desde su origen el sionismo fue discutido, resistido y también rechazado por amplios sectores judíos.

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Judaismo y sionismo: Una fractura histórica

Un consenso aparente

En el debate contemporáneo suele asumirse que el sionismo expresa una suerte de consenso dentro del mundo judío.

Sin embargo, basta mirar con algo de perspectiva histórica para advertir que desde su origen el sionismo fue discutido, resistido y también rechazado por amplios sectores judíos.

A fines del siglo XIX, cuando el sionismo comenzó a tomar forma como movimiento político en Europa, la mayoría de los judíos no lo veía como su horizonte natural. En Alemania, por ejemplo, su apoyo era marginal antes de la Primera Guerra Mundial. La vida judía se organizaba en torno a otras apuestas: la integración en las sociedades nacionales, la lucha por derechos civiles, o proyectos políticos universalistas. El sionismo aparecía, para muchos, como una respuesta posible, pero no necesariamente deseable.

La advertencia de Montagu

Uno de los episodios más reveladores de esa discusión interna se produjo en el corazón mismo del poder británico. En 1917, en plena Primera Guerra Mundial, el gobierno del Reino Unido emitió la Declaración Balfour, comprometiéndose a favorecer el establecimiento de un “hogar nacional judío” en Palestina.

Pero no todos dentro del gobierno estaban de acuerdo. El único miembro judío del gabinete, Edwin Montagu, se opuso con firmeza.

En un memorándum dirigido a sus colegas, Montagu advirtió que el sionismo era, en esencia, “un credo político antisemita”, porque coincidía peligrosamente con una idea muy extendida en Europa: que los judíos no pertenecían realmente a los países donde vivían y debían, en consecuencia, irse a otro lugar.

Para Montagu, apoyar un proyecto nacional judío en Palestina implicaba reforzar exactamente ese argumento. Si los judíos tenían “su” patria en otro sitio, ¿qué impediría a los antisemitas europeos decirles que debían marcharse? Su crítica no era marginal ni anecdótica: expresaba una preocupación profunda sobre la relación entre identidad, ciudadanía y pertenencia.

Herencia colonial

A esta discusión histórica se suma otra dimensión que resulta imposible ignorar. El sionismo se desarrolló en el mismo contexto intelectual y político que dio forma a los proyectos coloniales europeos de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Compartió con ellos no solo el lenguaje de la “civilización” y el “progreso”, sino también ciertas premisas sobre los territorios y los pueblos que los habitaban. Palestina fue concebida, en muchos discursos de la época, como un espacio disponible, subpoblado o atrasado, invisibilizando la existencia concreta de la sociedad palestina que vivía allí.

Esta mirada no fue accidental. Estuvo atravesada por una combinación de mentalidad colonial, racismo estructural e islamofobia, que tendieron a representar a las poblaciones árabes y musulmanas como inferiores o carentes de derechos políticos plenos. En ese marco, las aspiraciones nacionales palestinas fueron sistemáticamente minimizadas o directamente ignoradas en las decisiones de las potencias europeas. La propia Declaración Balfour es ilustrativa en este sentido: en ella se menciona a las “comunidades no judías” sin reconocerlas como un pueblo con identidad y derechos políticos propios.

Las consecuencias de esa invisibilización han sido profundas y persistentes. La tensión entre un proyecto nacional impulsado desde Europa y la realidad de una población existente en el territorio ha marcado el conflicto desde sus orígenes. Por ello, las críticas contemporáneas al sionismo no solo se inscriben en un debate interno del mundo judío, sino también en una revisión más amplia de las herencias coloniales que han configurado el orden internacional moderno.

Diversas resistencias

Sectores religiosos ortodoxos rechazaron el sionismo por razones teológicas, al considerar ilegítimo fundar un Estado judío sin la llegada del Mesías.

Movimientos laicos, como el Bund, lo criticaron desde una perspectiva socialista, defendiendo la vida judía en la diáspora y la lucha compartida con otros pueblos. En Europa occidental, muchos judíos integrados temían que el sionismo pusiera en duda su lealtad nacional y reforzara prejuicios que ya los señalaban como extranjeros.

El giro del Holocausto

El Holocausto alteró profundamente este panorama. La destrucción de las comunidades judías europeas y la magnitud del genocidio llevaron a muchos a ver en la creación del Estado de Israel una necesidad vital. El apoyo al sionismo creció, y con él, la centralidad de Israel en la vida judía global. Sin embargo las preguntas que habían surgido décadas antes no desaparecieron sino que simplemente cambiaron de forma.

Un debate vigente

En las últimas décadas, han reaparecido con fuerza voces judías que cuestionan el sionismo. Lo hacen desde una crítica al nacionalismo excluyente, la igualdad de derechos, y desde una tradición ética que pone en el centro la vida humana por sobre cualquier proyecto político y la noción de que la seguridad de un pueblo no puede construirse a costa de otro.

Lejos de ser un bloque uniforme, el mundo judío continúa albergando una diversidad de posiciones que reflejan distintas formas de entender la historia, la identidad y la justicia. El desacuerdo es parte de una tradición viva que ha sabido interrogarse a sí misma en momentos críticos.

En ese sentido, las voces que hoy, desde dentro del judaísmo, llaman a rechazar la violencia, a cuestionar las estructuras de dominación y a poner en el centro la vida civil, no están rompiendo con esa tradición. Están, más bien, inscribiéndose en una de sus corrientes más persistentes: aquella que, frente al poder y la guerra, insiste en que la dignidad humana no puede ser subordinada a ningún proyecto histórico.

Defender hoy los derechos del pueblo palestino es afirmar un principio universal: que ningún pueblo debe ser despojado de su dignidad, su tierra o su existencia política. Y en esa medida, es también una defensa de los derechos de todos los pueblos —incluido el pueblo judío— frente a regímenes y estructuras que buscan perpetuar formas de dominación y vulneración de los derechos humanos.

   

Las divisiones en la comunidad en Estados Unidos

En Estados Unidos, entre los judíos se expresan tendencias cada vez más explícitas, con  cuestionamientos políticos y una mirada humanitaria y que ya no puede entenderse como marginal, sino como una tendencia estructural. La siguiente tabla algunos datos relevantes.

Opinión y tendencias en la comunidad judía de Estados Unidos

Tema

Dato

Fuente

Imagen del pueblo israelí

89% de judíos estadounidenses tiene visión favorable

Pew Research Center, 2024

Imagen del gobierno israelí

54% visión favorable

Pew Research Center, 2024

Identificación como sionista

~33% se define como sionista

Jewish Telegraphic Agency, 2026

Apoyo a la existencia de Israel

~90% apoya su existencia

Jewish Telegraphic Agency, 2026

Percepción de crímenes de guerra

61% cree que Israel ha cometido crímenes de guerra

The Washington Post, 2025

Percepción de genocidio

39% cree que podría estar cometiendo genocidio en Gaza

The Washington Post, 2025

Apoyo a acciones militares

46% apoya acciones militares de Israel

The Washington Post, 2025

Brecha generacional (apego a Israel)

68% (65+) vs 36% (18–34) se siente muy conectado

St. Louis Jewish Light, 2024

División política

85% republicanos vs 41% demócratas apoyan gobierno israelí

Pew Research Center, 2024

Opinión favorable hacia palestinos

40% total / 52% entre demócratas

Pew Research Center, 2024