Israel vota en octubre: el proyecto colonial detrás de cada candidato
Israel elegirá a los 120 miembros de la Knéset. Es más un debate de liderazgo que un enfrentamiento entre proyectos antagónicos
El 27 de octubre de 2026 Israel elegirá a los 120 miembros de la vigésimo sexta Knéset. Son las primeras elecciones desde el 7 de octubre de 2023.
La pregunta que suele hacerse desde afuera —¿hay una alternativa real al gobierno de extrema derecha? — no tiene una respuesta fácil: depende de qué se entienda por alternativa.
Si el criterio es el trato hacia los palestinos y el futuro de los territorios ocupados, la diferenciación entre los candidatos favoritos es mucho más tenue de lo que el relato mediático sugiere.
Netanyahu y el bloque de gobierno
Netanyahu, de 76 años, es el primer ministro que más tiempo ha gobernado en la historia de Israel: más de 18 años repartidos en tres periodos no consecutivos desde 1996.
Su coalición actual —Likud, Otzma Yehudit, Noam, el Partido Sionista Religioso, el Judaísmo Unido de la Torá y Shas— es la más abiertamente anexionista que ha tenido el país, con Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich como sus rostros más visibles.
Ambos representan la culminación de una línea teológica que proviene del rabino Abraham Isaac Kook , Gush Emunim y Meir Kahane. No es extremismo aislado; es una doctrina que lleva setenta años forjando el marco conceptual del pensamiento israelí, con la anexión y los asentamientos como resultado práctico.
Gadi Eisenkot: el "moderado" que no acepta dos Estados
Buena parte de la prensa occidental ha presentado a Eisenkot, exjefe del Estado Mayor y fundador del partido Yashar, como el rival serio de Netanyahu: perdió a un hijo y a dos sobrinos en la reciente invasión de Gaza, y esa biografía le ha dado un aura de integridad que Netanyahu no tiene.
Pero conviene leer lo que dice, más que quedarse en que es opositor a Netanyahu.
En junio de 2026 fue tajante al negar haber propuesto alguna vez dos Estados para dos pueblos, y reafirmó públicamente su compromiso con los asentamientos en Cisjordania. Su fórmula es "separación" con Israel manteniendo el control de facto sobre los palestinos —el mismo statu quo, con otro vocabulario.
Y su huella militar no es menor: como jefe del Comando Norte articuló la doctrina Dahiya, que planteaba el uso de fuerza desproporcionada contra objetivos civiles, un principio que se ha denunciado como parte del repertorio de castigo colectivo israelí.
Naftali Bennett: del Consejo Yesha a "Juntos"
Bennett fue director general del Consejo Yesha —la principal organización de colonos— y cofundador de un movimiento que exigía la anexión de Cisjordania sin condiciones.
Su nuevo conglomerado, va en una lista conjunta con el Yesh Atid de Yair Lapid bajo el nombre "Juntos", ha moderado el tono: en junio de 2026 llegó a exigir el desalojo de asentamientos construidos sin autorización oficial, lo que le valió el ataque de Smotrich por "traición".
Pero esa distinción —colonias legales versus ilegales, ambas en territorio ocupado— no es un cambio de proyecto, es una discusión sobre su gestión administrativa.
Bennett sigue rechazando de plano la solución de dos Estados y su aspiración histórica de anexar el Área C sigue en pie, aunque la haya tenido que posponer por acuerdos de coalición.
Los Demócratas: la opción más moderada, sin dejar de ser sionista
La fusión entre el Partido Laborista y Meretz, liderada por Yair Golan, se define a sí misma explícitamente como un partido sionista, liberal y democrático.
Es, dentro del espectro parlamentario, la fuerza más comprometida con el marco de derechos humanos y con revertir el gobierno actual. Pero sigue operando dentro de la premisa imposible del sionismo liberal: la de que un Estado organizado en torno a una mayoría étnica puede, al mismo tiempo, garantizar igualdad plena a quienes no pertenecen a esa mayoría.
El bloque árabe: los 10 u 11 escaños que nadie quiere sumar
Hadash-Ta'al, Ra'am y Balad representan a la ciudadanía árabe-israelí, cerca de una quinta parte del electorado.
Las encuestas les han otorgado de forma consistente entre 10 y 11 escaños, y a comienzos de 2026 sus dirigentes —Ayman Odeh, Ahmad Tibi, Mansour Abbas y Sami Abu Shehadeh— firmaron un preacuerdo para revivir la Lista Conjunta.
El dato relevante no es su tamaño, sino su exclusión sistemática: tanto Eisenkot como Bennett han descartado explícitamente incluirlos en cualquier coalición, sea cual sea el resultado.
Es decir, incluso en el escenario más favorable a la oposición, los únicos partidos que representan a ciudadanos palestinos quedan fuera del cálculo de gobierno por definición, no por aritmética.
En un desarrollo de última hora, en junio de 2026, Rula Daood y Alon-Lee Green —codirectores del movimiento judío-árabe Standing Together— fundaron un partido propio, Makom Lekulanu ("Un lugar para todos"), y se presentan como sus dos primeros candidatos a la Knéset.
A diferencia de Hadash-Ta'al, Ra'am y Balad, esta lista no forma parte del preacuerdo de la Lista Conjunta: compite por fuera de ese bloque, apostando a movilizar a votantes árabes y judíos de izquierda que históricamente se abstienen, antes que competir por el voto ya cautivo de esos partidos.
Lo que puede esperar el pueblo palestino de estas elecciones
Prácticamente nada, medido en términos de soberanía. La diferencia real entre Netanyahu, Eisenkot, Bennett y Los Demócratas no es si Cisjordania sigue bajo control israelí, sino qué tan explícita es esa continuidad y qué vocabulario se usa para describirla: anexión declarada en el caso de Smotrich y Ben Gvir; asentamientos "en línea con los intereses de Israel" para Eisenkot; separación administrativa con desalojo selectivo de colonias "ilegales" para Bennett; una gestión más respetuosa del derecho internacional pero sin cuestionar el marco de fondo para Los Demócratas.
De acuerdo al Real Instituto Elcano —el principal centro de estudios español en política internacional y estrategia—la campaña se libra en el centro y centro-derecha, y es más un debate de liderazgo que un enfrentamiento entre proyectos antagónicos.
No es una lectura aislada: el think tank británico Chatham House sostiene que, salvo excepciones, tanto la oposición como la coalición de gobierno comparten la premisa de que un Estado palestino es hoy inviable, y el Arab Center de Washington ha planteado directamente que la oposición no ofrece una visión política alternativa a la de Netanyahu.
Para Gaza y Cisjordania, eso significa que el resultado del 27 de octubre decidirá el ritmo y el estilo de la ocupación, no su continuidad.
La alternativa más cercana a lo que sostenemos
No le corresponde a AJDA indicarle a la ciudadanía israelí por quién votar. Pero si se mide contra los principios que hemos delineado en nuestras comunicaciones —rechazo al etnonacionalismo, igualdad entre los pueblos, oposición a la anexión— hay dos alternativas que se acercan más que el resto: Hadash-Ta'al y, desde junio de 2026, Makom Lekulanu.
Ninguna es la opción de gobierno. Ambas son electoralmente marginales y ningún bloque mayoritario está dispuesto a gobernar con ellas.
Lo que comparten no es su peso parlamentario sino su naturaleza: son fuerzas judío-árabes por diseño. Hadash-Ta'al lo es con una base social donde los judíos son minoría y el liderazgo es árabe-palestino, con décadas de trayectoria en la Knéset. Makom Lekulanu lo es desde otro ángulo: una lista pensada desde su fundación para una representación paritaria entre judíos y árabes, con un liderazgo compartido —Rula Daood y Alon-Lee Green, codirectores del movimiento Standing Together— y sin trayectoria electoral previa.
Esa sola presencia —dos proyectos distintos, unidos por el mismo diseño judío-árabe— es la expresión concreta, aunque minoritaria, de un pensamiento que este medio ha defendido editorialmente: que la convivencia judío-árabe no es una utopía externa a la sociedad israelí, sino una corriente que aún subsiste dentro de ella, por pequeña que sea su representación parlamentaria.
"Redactado con asistencia de IA a partir de investigación y criterio editorial humano — ver nuestro proceso"