¿Daño colateral?: El documental israelí 'NAZA' sacude el Festival de Venecia
A través del testimonio oculto de 24 miembros de la inteligencia militar israelí, el documental NAZA sacude al mundo al revelar desde adentro el frío entramado tecnológico detrás del asesinato masivo y sistemático de la población palestina
El estreno mundial del documental NAZA, dirigido por los cineastas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, ha provocado un terremoto político y ético en la reciente edición del Festival de Cine de Venecia. La obra, que expone de forma descarnada los engranajes tecnológicos y militares detrás de la destrucción de la Franja de Gaza, culminó su primera proyección con una ovación histórica de casi 25 minutos, la más larga registrada en el certamen.
Producido en colaboración con el periódico británico The Guardian y respaldado por el aclamado director Jonathan Glazer (The Zone of Interest), NAZA se sumerge en las entrañas de la inteligencia militar israelí a través de un archivo de testimonios sin precedentes.
Un binomio con trayectoria de éxito
Este impacto global no es una sorpresa para quienes siguen de cerca el cine de no ficción. Yuval Abraham y Rachel Szor ya habían alcanzado un enorme éxito internacional y el reconocimiento de la crítica con No Other Land (2024). Aquel aclamado documental —realizado en un colectivo junto a los activistas palestinos Basel Adra y Hamdan Ballal— retrataba la resistencia de la comunidad de Masafer Yatta en Cisjordania frente a las demoliciones del ejército y llegó a coronarse con el Premio al Mejor Documental en los Premios Oscar. Con NAZA, los realizadores dan un paso aún más audaz al apuntar directamente al corazón del sistema bélico automatizado.
¿Qué significa NAZA? La frialdad matemática de la ocupación
Para la opinión pública, el título evoca inmediatamente el nombre del territorio bajo asedio. Sin embargo, el documental revela un significado mucho más siniestro: NAZA es el acrónimo militar burocrático (derivado del hebreo Nezek Agavi) que la inteligencia de Israel utiliza internamente para definir el "daño colateral". Es el porcentaje matemático y la cuota de civiles —hombres, mujeres e infantes— que el mando militar considera "aceptable" asesinar de forma colateral al ejecutar un ataque aéreo contra un objetivo seleccionado.
La cinta desarticula el mito de la precisión quirúrgica de la guerra moderna. A través de entrevistas clandestinas filmadas en azoteas de Tel Aviv, 24 oficiales y soldados activos y de reserva de la inteligencia militar israelí rompen el pacto de silencio de forma anónima. Sus testimonios describen un panorama de deshumanización absoluta guiada por el uso de sistemas de Inteligencia Artificial.
Automatizar el exterminio
Los denunciantes explican cómo el ejército israelí utiliza software avanzado de IA para procesar espionaje telefónico, metadatos y vigilancia masiva con el fin de generar listas automatizadas de miles de objetivos residenciales. El documental demuestra que la tecnología no se utiliza para mitigar los daños, sino para escalar y automatizar el ritmo de los bombardeos, delegando decisiones de vida o muerte a algoritmos programados bajo parámetros de tolerancia extrema al "daño colateral".
Al igual que hizo Glazer en su obra sobre el Holocausto, NAZA prescinde del impacto gráfico directo para centrarse en la banalidad del mal de nuestra era: la distancia burocrática, la pantalla de una computadora y la frialdad de los técnicos de inteligencia que validan la masacre desde oficinas climatizadas.
Romper el monólogo desde la memoria y la disidencia
Para comunidades e identidades que rechazan la instrumentalización del judaísmo para legitimar la opresión colonial, NAZA es un documento fundamental. El hecho de que sean los propios soldados e investigadores israelíes quienes exponen la maquinaria del Estado sionista derriba la retórica oficial de la defensa y de los discursos falsos de antisemitismo y victimización mediática.
El filme no solo expone un crimen en curso; es un acto de memoria histórica en tiempo real que exige verdad, reparación y el fin de la impunidad.
¿Dónde verla? Próximos pasos en el circuito de festivales
Tras su arrollador paso por Venecia, el acceso masivo a la cinta tendrá que esperar. Como es habitual con las grandes producciones de este nivel, actualmente no está disponible en plataformas de streaming ni en salas comerciales.
Para ver el documental, habrá que esperar a que concluya sus ciclos de presentación exclusivos en festivales internacionales, teniendo ya agendadas proyecciones confirmadas en el Festival de San Sebastián y en el Festival de Cine de Nueva York. La abrumadora recepción inicial confirma que el cine, cuando se niega a ser un simple espectáculo, sigue siendo una herramienta imprescindible de resistencia, denuncia universal y compromiso ético con los derechos humanos.
Nota de cierre: Mientras se redactaba esta edición, el ministro de Cultura y Deporte de Israel, Miki Zohar, anunció que "actuaría de inmediato" para revocar la nacionalidad israelí de Abraham y Szor, acusándolos de "traición al Estado" y de un "odio hacia sí mismos" que los llevaría a buscar "aplausos de antisemitas de todo el mundo".
El propio primer ministro Benjamín Netanyahu calificó de "impactante" la recepción del filme en Venecia, mientras el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, llegó a decirles a los directores "desaparezcan", y el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, habló de acciones legales.
Lejos de contener la controversia, la ofensiva del Gobierno profundizó el daño reputacional que buscaba evitar: organizaciones como Human Rights Watch y la Academia Europea de Cine cuestionaron la amenaza como un ataque a la libertad de expresión, más de 200 cineastas israelíes firmaron una carta de respaldo a Abraham y Szor, y la propia cobertura internacional del caso —desde Al Jazeera hasta Euronews y CBS News— terminó por amplificar, en lugar de acallar, el contenido que el documental denuncia.
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