Cuando cae la máscara: la fractura de la identidad judía con Israel
Las declaraciones de exterminio, desplazamiento forzado y deshumanización pronunciadas por ministros, diplomáticos y legisladores israelíes están fracturando la identificación de las comunidades judías de la diáspora con Israel
Durante décadas, la relación entre buena parte de las comunidades judías del mundo y el Estado de Israel se sostuvo sobre un relato de legítima defensa: un país rodeado de enemigos, obligado a actuar con dureza para sobrevivir, cuya violencia —por dolorosa que fuera— podía explicarse siempre como respuesta y nunca como propósito.
Ese relato funcionó como cemento identitario. Permitió a generaciones enteras de judíos en la diáspora sostener una identificación con Israel incluso ante episodios de violencia que, vistos aisladamente, resultaban difíciles de justificar.
Ese relato depende de que la intención declarada de quienes gobiernan Israel siga siendo defensiva. Desde octubre de 2023 esa condición se ha roto por las palabras explícitas de quienes ocupan los cargos de mayor autoridad en el Estado.
La transparencia y la frecuencia con que altas autoridades israelíes —ministros de gabinete, parlamentarios, diplomáticos y mandos— han expresado intenciones de desplazamiento forzado, despoblación territorial y destrucción total ha sido un factor determinante en la ruptura ética de amplios sectores de las comunidades judías globales.
Muchas de estas declaraciones han sido recopiladas en bases de datos de derechos humanos como la de Law for Palestine, en informes de la ONU, y presentadas como evidencia central en el caso por genocidio ante la Corte Internacional de Justicia.
Lo que sigue es un registro, organizado por nivel de responsabilidad institucional, de algunas de las declaraciones más citadas en ese expediente.
El Ejecutivo y el gabinete de seguridad
Benjamín Netanyahu, primer ministro, invocó en discursos oficiales al inicio de la ofensiva un pasaje bíblico sobre Amalek —texto que ordena, en su literalidad bíblica, exterminar "hombres y mujeres, niños y lactantes, bueyes y ovejas"— pidiendo a la población recordar "lo que Amalek les ha hecho". Más tarde, en testimonios a puerta cerrada ante la Knesset, afirmó con frialdad administrativa que Israel estaba "destruyendo más y más casas, por lo que [los palestinos] no tienen a dónde regresar", y concluyó que "el único resultado obvio será que los gazatíes elijan emigrar fuera de la Franja".
Yoav Gallant, ministro de Defensa durante las fases críticas de la guerra, ordenó el 9 de octubre de 2023 el bloqueo total del enclave con estas palabras ante los medios: "Estamos imponiendo un asedio total a Gaza. No habrá electricidad, ni comida, ni agua, ni combustible... Estamos luchando contra animales humanos y actuamos en consecuencia".
Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas y ministro adjunto de Defensa, ha defendido abiertamente el vaciamiento poblacional de Gaza, sosteniendo que "la migración voluntaria y la absorción de los árabes de Gaza en los países del mundo es la única solución humanitaria que pondrá fin al sufrimiento". En otra intervención pública calificó a la población civil en bloque de "Nazis" y advirtió que "dos millones de personas en Gaza se despiertan cada mañana con el deseo de destruir al Estado de Israel".
Itamar Ben-Gvir, ministro de Seguridad Nacional, ha reiterado en mítines y entrevistas televisadas que "debemos promover una solución para fomentar la emigración de los habitantes de Gaza", presentando la salida masiva de la población palestina como condición para que "las comunidades judías puedan regresar a casa y reconstruir los asentamientos de Gush Katif" dentro de la Franja.
Altos funcionarios y diplomáticos
Avi Dichter, ministro de Agricultura y exdirector del Shin Bet, acuñó en una entrevista en el Canal 12 el término que la prensa internacional retomaría para describir el desplazamiento forzado del norte de Gaza: "Ahora mismo estamos desplegando operativamente la Nakba de Gaza... Esto es operativamente la Nakba de Gaza 2023".
Israel Katz, ministro de Energía y luego de Asuntos Exteriores y Defensa, decretó por canales oficiales el corte de suministros esenciales con esta fórmula: "Se ordenó a toda la población civil de Gaza que se fuera inmediatamente. No recibirán ni una gota de agua ni una sola batería hasta que dejen el mundo".
Amihai Eliyahu, ministro de Patrimonio, respondió en una entrevista radiofónica sobre el destino de la población civil proponiendo que "pueden irse a Irlanda o a los desiertos, los monstruos de Gaza deben encontrar una solución por sí mismos", y sugirió en la misma intervención que "arrojar una bomba atómica sobre Gaza es una de las opciones disponibles".
May Golan, ministra para la Igualdad Social, declaró públicamente: "No me importan los civiles de Gaza. Literalmente no me importa en absoluto. Que salgan a nadar en el mar".
Tzipi Hotovely, embajadora de Israel en el Reino Unido, justificó en enero de 2024 en la cadena LBC la devastación urbana masiva argumentando la existencia de una red de túneles bajo cada edificio civil: "Gaza tiene una ciudad subterránea de terror... Cada escuela, cada mezquita, cada segunda casa tiene acceso a los túneles". Cuando el periodista le señaló que esa premisa implicaba destruir toda la infraestructura residencial del territorio, respondió: "¿Tiene otra solución?".
Altos miembros de la Knesset
Nissim Vaturi, vicepresidente de la Knesset, difundió a través de canales institucionales consignas como "hay que quemar Gaza ahora mismo, nada menos" y planteó como objetivo geopolítico "borrar la Franja de Gaza de la faz de la Tierra". Ante las críticas, ratificó en la emisora Kol BaRama: "No creo que haya gente inocente allí ahora... Quien se quede allí debe ser eliminado, punto".
Galit Distel Atbaryan, parlamentaria y exministra de Diplomacia Pública, hizo un llamamiento público a través de comunicados escritos: "Inviertan toda la energía en una sola cosa: borrar a toda Gaza de la faz de la Tierra. Que los monstruos gazatíes corran hacia la barrera sur y huyan a Egipto, o que mueran. Gaza debe ser borrada".
Cuando la máscara cae
Ninguna de estas declaraciones proviene de actores marginales o de foros extremistas periféricos. Son ministros en ejercicio, un vicepresidente del Parlamento, embajadoras y embajadores en funciones, hablando en cadenas de televisión, sesiones legislativas y encuentros con la propia comunidad judía de la diáspora. Es precisamente esa procedencia —el centro del poder político israelí, no su margen— lo que le da a este corpus su fuerza como evidencia y, para muchos judíos fuera de Israel, su fuerza como quiebre.
El relato de la legítima defensa podía absorber episodios puntuales de violencia excesiva explicándolos como error, exceso o consecuencia no querida de la guerra.
Lo que no puede absorber es la intención declarada en primera persona por quienes ejercen el poder: la exigencia explícita de vaciar un territorio de su población, el uso de lenguaje deshumanizante ("animales humanos", "monstruos", "Nazis") aplicado a una población civil entera, la negación categórica de que existan inocentes, la propuesta pública de armamento nuclear, o el objetivo enunciado de "borrar" una franja de tierra "de la faz de la Tierra".
Cuando la intención se vuelve explícita, el relato defensivo deja de operar como explicación y empieza a operar como encubrimiento. Y cuando eso ocurre, cae la máscara: lo que muchos judíos de la diáspora habían aceptado ver como un Estado que se defiende empieza a mostrarse, en las propias palabras de sus autoridades, como un Estado que declara —y ejecuta— la intención de destruir.
Para las comunidades judías que habían construido buena parte de su identidad contemporánea alrededor de la identificación con Israel —lo que en otro texto de esta serie llamamos "israelismo", la sustitución progresiva de la identidad judía por la identidad israelí como referente central de pertenencia— el efecto es interno y desestabilizador.
No se trata de dejar de ser judío, sino de que el vehículo que durante décadas canalizó esa identidad deja de ser sostenible como tal.
La consecuencia observable es doble: por un lado, un descenso medible en los niveles de identificación con Israel entre judíos de la diáspora, particularmente entre generaciones más jóvenes; por otro, una búsqueda activa de formas alternativas de definir la propia judeidad que no dependan del Estado de Israel como ancla —ya sea a través de marcos religiosos, culturales, diaspóricos, de justicia social o explícitamente antisionistas.
El corpus de declaraciones reunido aquí es para las comunidades judías que lo leen, un espejo incómodo: la evidencia de que la máscara de la víctima y el rostro del perpetrador pueden pertenecer, en un mismo Estado y en boca de sus mismas autoridades, a la misma cara.
Redactado con asistencia de IA a partir de investigación y criterio editorial humano — ver nuestro proceso
Fuentes
B'Tselem, "Our Genocide" (2025) — https://www.btselem.org/publications/202507_our_genocide
Law for Palestine, base de datos de incitación al genocidio — https://law4palestine.org
Wikipedia, "Intent and incitement in the Gaza genocide" — https://en.wikipedia.org/wiki/Intent_and_incitement_in_the_Gaza_genocide
Naciones Unidas, informe sobre limpieza étnica en Gaza y Cisjordania — https://www.un.org/unispal
Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, comunicados 2025-2026 — https://www.ohchr.org
Associated Press, cobertura del caso sudafricano ante la CIJ — https://apnews.com
El País, "Wipe Gaza off the face of the earth": las declaraciones de políticos israelíes en las que Sudáfrica sustenta su caso de genocidio (11 de enero de 2024) — https://english.elpais.com