Antisemita, antisionista: por qué confundirlos es también una forma de antisemitismo.
Antisemitismo y antisionismo no son sinónimos: uno ataca a personas por ser judías, el otro se opone a una ideología política. Confundirlos exige asumir que "judío" equivale a "sionista" — la misma operación esencialista que sostiene el antisemitismo clásico.
El antisemitismo tiene una definición muy acotada: “El antisemitismo es el prejuicio, la hostilidad, la discriminación el odio dirigidos contra las personas judías por el hecho de ser judías”.
El antisionismo es otra cosa muy distinta: “El antisionismo es el rechazo a la idea de un Estado definido como judío, y esa postura puede ser sustentada sea por motivos tanto políticos, religiosos o filosóficos”.
Uno apunta a las personas por su identidad; el otro, a una ideología y a las políticas de un Estado.
La diferencia parece obvia enunciada así, pero en el debate público ambos términos se usan cada vez más como sinónimos — y esa confusión, termina reproduciendo la lógica misma del antisemitismo que dice combatir.
Decir que ser antisionista es ser antisemita necesita para sostenerse de una premisa esencialista: que "judío" equivale a "sionista" equivale a "Israel". El esencialismo es la operación que está en la base de todo racismo, y consiste en atribuirle a un grupo entero un rasgo fijo e inherente —una esencia— que se supone comparten todos sus integrantes más allá de lo que cada uno piense, haga o elija.
Si criticar al sionismo es automáticamente antisemita, entonces todo judío debe ser sionista por definición — de lo contrario la ecuación no cierra.
Esa es precisamente la estructura del antisemitismo clásico: tratar a los judíos como un bloque homogéneo, con una sola lealtad y una sola posición política posible.
Decir que antisionista equivale a ser antisemita, aparte de ser en sí misma una declaración antisemita, desconoce por completo la historia y tradición del pueblo judío.
El sionismo fue desde sus inicios hasta la segunda guerra mundial un movimiento muy minoritario en el judaísmo en comparación con el movimiento bundista de Europa del Este o el judaísmo reformado estadounidense del siglo XIX, o el judaísmo ortodoxo que veía en el sionismo una usurpación teológica.
Tratar el antisionismo como antisemitismo equivale a declarar antisemitas a estas tradiciones judías, lo cual, además de históricamente falso, es una forma de decidir por los judíos cuál es la única manera legítima de ser judío.
Cuando cualquier crítica a la política de un gobierno se etiqueta con el mismo término que se usa para un ataque a una sinagoga, el término “antisemita” pierde capacidad de alarma.
Ese desgaste no protege a los judíos: los deja más expuestos, porque la próxima vez que haya una amenaza genuina, la palabra ya habrá sido gastada en debates que no eran sobre judíos, sino sobre políticas de Estado.
"Redactado con asistencia de IA a partir de investigación y criterio editorial humano — ver nuestro proceso"