Ismail Shammout: el pintor que no olvidó
Vida, obra y memoria en la pintura palestina moderna
El 12 de julio de 1948, Ismail Shammout tenía 18 años y vivía en Lydda, una ciudad árabe de unos 25.000 habitantes en la Palestina del Mandato Británico. Ese día, junto a su familia y a toda la población de la ciudad, fue expulsado a punta de fusil por el ejército israelí en lo que se conocería como la Marcha de la Muerte de Lydda. Caminaron decenas de kilómetros bajo el sol del verano. Su hermano pequeño, Tawfiq, murió de sed antes de llegar al primer refugio. La familia terminó en el campo de refugiados de Khan Yunis, en Gaza.
Shammout había mostrado talento artístico desde niño. En Gaza, en medio de las condiciones duras del campo de refugiados, comenzó a pintar. En 1950 viajó a El Cairo e ingresó al Colegio de Bellas Artes; más tarde estudiaría en la Academia de Bellas Artes de Roma. Lo que pudo haber sido una carrera artística convencional se convirtió, desde el primer día, en algo diferente: la necesidad urgente de documentar lo que había vivido.
"¿A dónde?": una imagen que se volvió memoria colectiva
En 1953, recién regresado de El Cairo, Shammout presentó su primera exposición en Gaza. Entre las obras exhibidas estaba ¿A dónde?, un óleo de gran formato que se convertiría en la imagen más reconocida del arte palestino moderno. La escena es desoladora en su sencillez: un anciano en harapos avanza apoyado en un bastón, sosteniendo con la mano derecha la muñeca de un niño que llora. Sobre su hombro carga dormido a un bebé. Detrás de ellos, un tercer niño llora solo. Al fondo, apenas visible, el horizonte de una ciudad árabe con un minarete. En primer plano, un árbol marchito.

Shammout no estaba representando una escena imaginada: estaba pintando lo que había visto, lo que había caminado, lo que había perdido. La figura del anciano cargando a los niños era la síntesis visual de toda una expulsión. La pregunta del título —¿a dónde?— no tenía respuesta en 1953. Tampoco la tiene del todo hoy.
Arte como acto político y cultural
A lo largo de su carrera, Shammout desarrolló un lenguaje visual propio: colores intensos, figuras reconocibles de la vida palestina cotidiana —cosechas, mercados, paisajes mediterráneos, olivares—, yuxtapuestas con imágenes de la expulsión, el exilio y la resistencia. Su Palestina, como escribió un crítico, es un lugar casi onírico donde la belleza perdida y el dolor conviven en el mismo cuadro.
En 1965 fue nombrado Director de Artes y Cultura Nacional de la OLP. No era un cargo burocrático: Shammout entendía el arte como un instrumento de afirmación de identidad en un momento en que la propia existencia del pueblo palestino era negada sistemáticamente. También fue Secretario General de la Unión de Artistas Palestinos y luego de la Unión de Artistas Árabes. Escribió las primeras historias documentadas de la pintura palestina y produjo varios filmes documentales, entre ellos Memorias y Fuego (1973), premiado en el Festival de Leipzig.
Junto a su esposa y colega Tamam al-Akhal —también ella pintora palestina, nacida en Jaffa en 1935—, Shammout pasó décadas en el exilio: El Cairo, Beirut, Kuwait, Alemania, Jordania. En 1997, cuando ya era un anciano reconocido, ambos regresaron a Lydda. Encontraron una ciudad que ya no se llamaba así: era Lod, dentro del Estado de Israel. Sus casas habían desaparecido. Entre 1997 y 2000 pintaron juntos Palestina: El Éxodo y la Odisea, una serie de 19 murales de gran formato que narran cronológicamente la historia palestina desde la Nakba. Fue su testamento artístico conjunto.
Un pueblo que pinta es un pueblo que existe
Ismail Shammout murió en Amán en julio de 2006, a los 76 años. Había vivido exactamente lo que pintó: el desplazamiento, el campo de refugiados, la diáspora, el exilio múltiple, el regreso imposible. Su obra no es solo arte: es también archivo, testimonio y argumento. Argumento de que existía una vida en Palestina antes de 1948, que esa vida tenía colores, cosechas, ciudades, familias, y que su destrucción no fue una abstracción histórica sino una experiencia vivida por personas concretas.
Cuando el relato dominante insiste en que Palestina era "una tierra sin pueblo", la obra de Shammout responde con imágenes: aquí estábamos, esto cultivábamos, esto perdimos, esto recordamos. Hay pocas respuestas más poderosas a una mentira que un cuadro pintado con memoria propia.
Su obra puede explorarse en: ismail-shammout.com