El arte como memoria: Sliman Mansour
Para algunos, el arte es expresión. Para Sliman Mansour es también el acto de rebeldía de un pueblo que se niega a ser borrado.
En 1948, la creación del Estado de Israel provocó el desplazamiento forzado de más de 700.000 palestinos que estos días se conmemora como la Nakba, la catástrofe. Pero fue también la destrucción deliberada de una cultura.
Junto con las personas, se arrasó con libros, manuscritos y artefactos que guardaban la memoria de un pueblo. Y cuando se borra la cultura, se borra también la existencia.
Frente a eso, los palestinos respondieron con arte. No como adorno, sino como acto de sobrevivencia y resistencia. Pintar, crear, expresar, se convirtió en una manera de decir aquí estamos, existimos, tenemos historia.
Sliman Mansour es uno de los artistas que mejor encarna esa vocación. Nacido en 1947 en Birzeit, creció viendo cómo su tierra y su gente eran despojadas. Esa herida personal se transformó en obra: olivos que hablan de resiliencia, naranjales que guardan la memoria de lo perdido, el bordado de las mujeres palestinas como hilo que une generaciones, y Jerusalén como símbolo eterno del anhelo y el retorno.
Mansour no solo pintó — también construyó espacios donde el arte palestino pudiera sobrevivir y florecer, conectando a quienes viven bajo ocupación con quienes viven en el exilio.
Porque el arte, en este contexto, no es un lujo. Es memoria, identidad y una forma de no desaparecer.
