La doctrina Dahiya
La doctrina Dahiya, formulada por el general Gadi Eisenkot en 2008, convierte la destrucción de infraestructura civil en política deliberada. Un análisis de sus implicaciones en el derecho internacional humanitario y la ética judía.
Cuando destruir civiles se convierte en doctrina
En las noticias que llegan desde el Líbano, un nombre llama la atención: Dahiya.
Un barrio de Beirut que Israel no cesa de bombardear y que el ministro de Finanzas Bezalel Smotrich prometió públicamente convertirlo en "Khan Yunis" —la ciudad de Gaza que Israel ha arrasado.
Dahiya ya nos era familiar. Y por una horrorosa razón.
La doctrina de la destrucción
Dahiya es el nombre de un barrio en el sur de Beirut, de mayoría chiita y bastión de Hezbollah. Durante la guerra del Líbano de 2006, el ejército israelí lo bombardeó hasta convertirlo en escombros.
Edificios residenciales, mercados, redes eléctricas: todo fue destruido.
En octubre de 2008, el general Gadi Eisenkot, entonces jefe del Comando Norte del ejército israelí, concedió una entrevista al diario Yedioth Ahronoth en la que describió lo ocurrido no como un exceso de la guerra, sino como un modelo a seguir.
Y le puso nombre: la doctrina Dahiya que básicamente se resume en una estrategia deliberada de destruir infraestructura civil y a las personas que ahí se encuentren como arma de guerra.
"Lo que ocurrió en el barrio Dahiya de Beirut en 2006 ocurrirá en cualquier aldea desde la que se dispare contra Israel. Aplicaremos fuerza desproporcionada y causaremos grandes daños y destrucción.
Desde nuestro punto de vista, no son pueblos civiles, sino bases militares.
Esto no es una recomendación. Es un plan. Y ya ha sido aprobado."
La frase es notable por lo que dice, y también por la forma cómo lo dice: con claridad, sin eufemismos, sin la retórica del daño colateral involuntario.
Eisenkot no describe un error de cálculo. Describe una política.
Qué significa la proporcionalidad y por qué importa
El derecho internacional humanitario —los Convenios de Ginebra y sus protocolos adicionales— establece tres principios fundamentales que gobiernan la guerra: distinción (separar combatientes de civiles), proporcionalidad (no causar daños civiles excesivos en relación con la ventaja militar obtenida), y precaución (tomar todas las medidas posibles para reducir el impacto sobre la población civil).
La doctrina Dahiya viola los tres de manera deliberada y sistemática.
No es que los infrinja como consecuencia involuntaria del combate: los niega como principios. Si la infraestructura civil es redefinida como "base militar", entonces no hay civiles, no hay proporcionalidad que calcular, no hay distinción que hacer.
La Misión de Investigación de las Naciones Unidas sobre el conflicto en Gaza de 2009, conocida como el Informe Goldstone, concluyó que las tácticas israelíes en Gaza eran "consistentes" con la doctrina Dahiya, y que la destrucción desproporcionada era parte de una política deliberada destinada a castigar, humillar y aterrorizar a la población civil.
El ejército más moral del mundo
Existe, dentro de la propia tradición militar israelí, una noción que contrasta directamente con la doctrina Dahiya: el tohar haneshek, o "pureza de las armas". Es uno de los valores fundacionales del Ejército de Defensa de Israel, formulado antes incluso de la independencia del Estado, en los tiempos del Palmaj.
El código establece que los soldados deben usar la fuerza únicamente en la medida necesaria para cumplir su misión, y que nunca deben usar sus armas contra personas no combatientes. El "Espíritu del IDF", el documento doctrinario oficial, apela explícitamente a "los valores morales universales basados en la dignidad y el valor de la vida humana".
El "Espíritu del IDF" apunta a que hay límites morales que no pueden ser cruzados, incluso en la guerra. Lo que la doctrina Dahiya hace es declarar que esos límites ya no existen.
La ética judía frente al castigo colectivo
El Talmud enseña que quien destruye una sola alma destruye un mundo entero. Cada ser humano es un universo completo, irreducible.
El pikuaj nefesh va un paso más allá: impone la obligación activa de preservar la vida, hasta el punto de suspender casi cualquier otro mandamiento para salvarla.
En su interpretación más extendida esa obligación no reconoce fronteras religiosas ni nacionales.
La doctrina Dahiya opera con una lógica opuesta: la responsabilidad es colectiva. Si un grupo armado actúa desde un territorio, toda la población de ese territorio es corresponsable.
Su sufrimiento no es lamentable. El dolor de los civiles es el instrumento de disuasión.
Esto no es una novedad.
El término técnico en derecho internacional es castigo colectivo, y su prohibición es tan antigua como los Convenios de Ginebra de 1949.
El presente como continuidad
La doctrina Dahiya no es únicamente historia. A partir del 7 de octubre de 2023, y con mayor intensidad en los meses siguientes, numerosos organismos internacionales —incluyendo relatores especiales de la ONU, organizaciones de derecho humanitario y la propia Corte Internacional de Justicia— han señalado que el patrón de destrucción en Gaza es consistente con los principios que Eisenkot enunció en 2008.
El propio Eisenkot, convertido en político que aspira a dirigir Israel, visitó la frontera norte en marzo de 2026 y declaró ante residentes que la doctrina que él formuló "sigue siendo relevante". No como un recuerdo histórico. Como una promesa. No fue una declaración en privado. Fue pública, voluntaria, orgullosa.
Para quienes seguimos la actualidad desde una perspectiva judía comprometida con los derechos humanos, esto plantea una pregunta que no podemos eludir: ¿qué significa que una doctrina que convierte el sufrimiento civil en estrategia deliberada sea articulada, defendida y celebrada en nombre de un Estado que invoca la tradición judía como parte de su identidad?
¿Como descendientes de los millones de judíos inmolados en el holocausto, nos está permitido callar?