La Declaración de Jerusalén sobre el Antisemitismo
La Declaración de Jerusalén sobre el Antisemitismo (JDA) separa la discriminación contra los judíos de la crítica política legítima a un Estado
En 2020 un grupo de académicos especializados en Estudios sobre el Antisemitismo y campos afines —historia del Holocausto, estudios judíos, estudios israelíes, estudios palestinos y estudios de Medio Oriente— se reunió bajo el auspicio del Instituto Van Leer de Jerusalén. Durante un año de deliberaciones realizadas en talleres en línea, con participantes que variaron según la sesión, el grupo evaluó las herramientas existentes para identificar el antisemitismo, en particular la definición de trabajo adoptada por la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA) en 2016, y sus implicancias para la libertad académica y de expresión.
El proceso fue coordinado por ocho académicos: Seth Anziska (University College London), Aleida Assmann (Universidad de Constanza), Alon Confino (Universidad de Massachusetts, Amherst), Emily Dische-Becker (periodista), David Feldman (Birkbeck, Universidad de Londres), Amos Goldberg (Universidad Hebrea de Jerusalén), Brian Klug (Universidad de Oxford) y Stefanie Schüler-Springorum (Universidad Técnica de Berlín).
El documento fue firmado inicialmente por 210 académicos y hoy reúne a cerca de 370 firmantes de instituciones en Europa, Estados Unidos, Canadá e Israel. Entre ellos figuran historiadores del Holocausto como Omer Bartov (Universidad Brown) y Doris Bergen (Universidad de Toronto), y especialistas en estudios judíos e israelíes de universidades como Princeton, Yale, Oxford, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad de Tel Aviv.
Responde a la definición de la IHRA
La Declaración de Jerusalén sobre el Antisemitismo no surgió en el vacío. Responde directamente a la definición de trabajo que la IHRA adoptó en 2016, la cual incluye once “ejemplos” de antisemitismo, siete de los cuales se refieren específicamente al Estado de Israel.
Quienes redactaron la JDA sostienen que esa proporción desplaza el centro de gravedad de la definición, y que el texto de la IHRA es ambiguo en puntos clave, lo que ha generado interpretaciones contradictorias: desde su uso para identificar manifestaciones genuinas de odio, hasta su aplicación para silenciar la crítica académica y política a las políticas del Estado de Israel, incluida la voz de palestinos y de judíos críticos del sionismo.
La JDA se presenta explícitamente como una alternativa no vinculante a la definición de la IHRA. Las instituciones que ya adoptaron el texto de la IHRA pueden usar la JDA como herramienta correctiva para superar sus ambigüedades.
A continuación reproducimos una traducción del texto completo original que puede encontrarse en https://jerusalemdeclaration.org/
Preámbulo
Quienes suscribimos este documento presentamos la Declaración de Jerusalén sobre el Antisemitismo, producto de una iniciativa que se originó en Jerusalén. Entre nosotros se cuentan académicos internacionales que trabajan en Estudios sobre el Antisemitismo y campos afines, incluidos los estudios judíos, del Holocausto, de Israel, de Palestina y de Medio Oriente. El texto de la Declaración se benefició de la consulta con especialistas en derecho y con miembros de la sociedad civil.
Inspirados por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, la Convención de 1969 sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial, la Declaración de 2000 del Foro Internacional de Estocolmo sobre el Holocausto y la Resolución de 2005 de las Naciones Unidas sobre la Conmemoración del Holocausto, sostenemos que, si bien el antisemitismo tiene rasgos distintivos propios, la lucha contra él es inseparable de la lucha general contra toda forma de discriminación racial, étnica, cultural, religiosa y de género.
Conscientes de la persecución histórica de los judíos a lo largo del tiempo y de las lecciones universales del Holocausto, y observando con alarma el resurgimiento del antisemitismo entre grupos que movilizan el odio y la violencia en la política, la sociedad e internet, buscamos ofrecer una definición central del antisemitismo que sea utilizable, concisa e informada históricamente, junto con un conjunto de directrices.
La Declaración de Jerusalén sobre el Antisemitismo responde a la “Definición de la IHRA”, el documento adoptado por la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto en 2016. Debido a que esa definición carece de claridad en aspectos centrales y admite interpretaciones muy diversas, ha generado confusión y controversia, debilitando con ello la lucha contra el antisemitismo. Observando que ella misma se describe como una “definición de trabajo”, buscamos mejorarla ofreciendo una definición central más clara y un conjunto coherente de directrices. Proponemos nuestra Declaración, no vinculante legalmente, como una alternativa a la Definición de la IHRA. Las instituciones que ya la hayan adoptado pueden usar este texto como herramienta para interpretarla.
La Definición de la IHRA incluye once “ejemplos” de antisemitismo, siete de los cuales se centran en el Estado de Israel. Si bien esto otorga un énfasis desproporcionado a un solo ámbito, existe una necesidad ampliamente sentida de claridad sobre los límites del discurso y la acción política legítimos en torno al sionismo, Israel y Palestina. Nuestro propósito es doble: fortalecer la lucha contra el antisemitismo aclarando qué es y cómo se manifiesta, y proteger un espacio para el debate abierto sobre la cuestión, todavía no resuelta, del futuro de Israel y Palestina. No compartimos todos las mismas posiciones políticas y no buscamos promover una agenda partidista. Determinar que una postura o acción controvertida no es antisemita no implica que la respaldemos ni que dejemos de respaldarla.
Las directrices centradas en Israel y Palestina (de la 6 a la 15) deben leerse en conjunto, cada una a la luz de las demás y siempre considerando el contexto: la intención detrás de una declaración, un patrón de expresión sostenido en el tiempo, o incluso la identidad de quien habla, especialmente cuando el tema es Israel o el sionismo. Aplicar estas directrices a situaciones concretas exige criterio y sensibilidad.
Definición central
El antisemitismo es la discriminación, el prejuicio, la hostilidad o la violencia contra los judíos en cuanto judíos (o contra instituciones judías en cuanto judías).
Las quince directrices
A. Directrices generales
1. Es racista esencializar (tratar un rasgo de carácter como inherente) o formular generalizaciones negativas sobre una población determinada. Lo que vale para el racismo en general vale para el antisemitismo en particular.
2. Lo específico del antisemitismo clásico es la idea de que los judíos están vinculados a las fuerzas del mal. Esta idea es el núcleo de numerosas fantasías antijudías, como la de una conspiración judía en la que “los judíos” poseerían un poder oculto que usarían para promover su propia agenda colectiva en perjuicio de otros pueblos. Este vínculo persiste hoy: en la fantasía de que “los judíos” controlan los gobiernos mediante una “mano oculta”, que son dueños de los bancos, que controlan los medios de comunicación, que actúan como “un Estado dentro del Estado” y que son responsables de propagar enfermedades (como el covid-19). Todos estos elementos pueden ser instrumentalizados por causas políticas distintas, e incluso antagónicas entre sí.
3. El antisemitismo puede manifestarse en palabras, imágenes y hechos. Son ejemplos de palabras antisemitas las afirmaciones de que todos los judíos son ricos, intrínsecamente avaros o desleales a su país. En las caricaturas antisemitas, los judíos suelen representarse como grotescos, con narices prominentes y asociados a la riqueza. Son ejemplos de hechos antisemitas: agredir a alguien por ser judío, atacar una sinagoga, pintar esvásticas en tumbas judías, o negarse a contratar o ascender a personas por su condición judía.
4. El antisemitismo puede ser directo o indirecto, explícito o en clave. Por ejemplo, “los Rothschild controlan el mundo” es una afirmación en clave sobre el supuesto poder de “los judíos” sobre la banca y las finanzas internacionales. De manera similar, presentar a Israel como el mal absoluto o exagerar groseramente su influencia real puede ser una forma encubierta de racializar y estigmatizar a los judíos. En muchos casos, identificar este lenguaje en clave depende del contexto y del criterio.
5. Negar o minimizar el Holocausto —afirmando que el genocidio deliberado de los judíos por los nazis no ocurrió, que no existieron campos de exterminio ni cámaras de gas, o que el número de víctimas fue una fracción del total real— es antisemita.
B. Israel y Palestina: ejemplos que, en principio, sí son antisemitismo
6. Aplicar al Estado de Israel los símbolos, imágenes y estereotipos negativos propios del antisemitismo clásico (directrices 2 y 3).
7. Hacer a los judíos colectivamente responsables de la conducta de Israel, o tratar a los judíos, por el solo hecho de serlo, como agentes de Israel.
8. Exigir a las personas que, por ser judías, condenen públicamente a Israel o al sionismo (por ejemplo, en una reunión política).
9. Asumir que los judíos no israelíes, por el solo hecho de ser judíos, son necesariamente más leales a Israel que a sus propios países.
10. Negar el derecho de los judíos en el Estado de Israel a existir y desarrollarse, colectiva e individualmente, como judíos, conforme al principio de igualdad.
C. Israel y Palestina: ejemplos que, en principio, no son antisemitismo
(se apruebe o no la postura o la acción en cuestión)
11. Apoyar la demanda palestina de justicia y el pleno reconocimiento de sus derechos políticos, nacionales, civiles y humanos, tal como los recoge el derecho internacional.
12. Criticar u oponerse al sionismo como forma de nacionalismo, o defender distintos arreglos constitucionales para judíos y palestinos en el área entre el río Jordán y el mar Mediterráneo. No es antisemita apoyar fórmulas que otorguen igualdad plena a todos los habitantes “entre el río y el mar”, ya sea mediante dos Estados, un Estado binacional, un Estado democrático unitario, un Estado federal, o cualquier otra forma.
13. La crítica a Israel como Estado basada en evidencia. Esto incluye sus instituciones y principios fundacionales, así como sus políticas y prácticas, internas y en el extranjero —como su conducta en Cisjordania y Gaza, o el papel que desempeña en la región—. No es antisemita señalar una discriminación racial sistemática. En general, se aplican a Israel y Palestina las mismas normas de debate que a otros Estados y otros conflictos sobre autodeterminación nacional. Por lo tanto, aunque resulte controvertido, no es antisemita en sí mismo comparar a Israel con otros casos históricos, incluidos el colonialismo de asentamiento o el apartheid.
14. El boicot, el retiro de inversiones y las sanciones son formas habituales y no violentas de protesta política contra los Estados. En el caso israelí, no son, en sí mismas, antisemitas.
15. El discurso político no necesita ser mesurado, proporcional, moderado o razonable para estar protegido por los instrumentos internacionales de derechos humanos. Una crítica que algunos puedan considerar excesiva, polémica, o que refleje un “doble estándar”, no es, por sí sola, antisemita. En general, la línea entre el discurso antisemita y el que no lo es, es distinta de la línea entre el discurso razonable y el irrazonable.
Texto completo y lista de firmantes disponible en: jerusalemdeclaration.org