Benny Morris: el historiador que probó el crimen y lo justificó
Benny Morris documentó la Nakba con rigor absoluto y se convirtió en el historiador más citado del conflicto israelí-palestino. Luego dijo que Ben-Gurión debió haber expulsado a todos los palestinos en 1948. El mismo hombre que probó el crimen dijo que el crimen fue insuficiente.
En 1988, un joven historiador israelí llamado Benny Morris publicó un libro que sacudió los fundamentos del relato oficial del Estado de Israel. «The Birth of the Palestinian Refugee Problem» reveló, con una precisión devastadora, cómo y por qué 700.000 palestinos abandonaron sus hogares durante la guerra de 1948, desmantelando la interpretación tradicional de que se fueron voluntariamente. Morris había pasado años en archivos militares israelíes desclasificados, pueblo por pueblo, acta por acta. Lo que encontró fue la evidencia documental de una expulsión sistemática.
La reacción en Israel fue feroz: Morris fue ampliamente criticado, ninguna universidad quiso contratarlo, y tuvo que sobrevivir con préstamos de amigos durante años. Afuera, el libro fue recibido como un hito. «The Washington Post» lo describió como una obra de extraordinaria integridad, narrada con precisión y honestidad moral. Era, en todos los sentidos, el trabajo de un historiador que había puesto los hechos por encima de la identidad.
Dieciséis años después, en una entrevista con «Haaretz» en enero de 2004, Morris volvió a conmocionar al mundo académico. Esta vez en sentido inverso. Confirmó cada uno de los hechos que había documentado —la expulsión, la limpieza étnica, las masacres— y añadió que Ben-Gurión había cometido un error: no haber expulsado a todos los palestinos en 1948. El mismo hombre que probó el crimen dijo que el crimen fue insuficiente.
¿Cómo se explica?
Morris ofrece su propia versión: no cambió. Sostiene que simplemente añadió a su conocimiento de la historia de 1948 un análisis doloroso de la historia más reciente: el fracaso de Oslo, la Segunda Intifada, la convicción de que los moderados palestinos siempre son aplastados por los extremistas. En su lectura, los hechos recientes confirman que el conflicto es irresoluble y que Israel debe protegerse a cualquier costo.
Tom Segev, colega y también nuevo historiador, lo resumió con descarnada brevedad: «Morris se desquició como resultado de tres años de terrorismo. Le pasa a muchos de nosotros.» Es la explicación psicológica: el trauma de la Segunda Intifada produjo en Morris lo que produce en muchas personas sometidas a violencia sostenida —una contracción del horizonte moral, una tribalización del pensamiento.
Hay una tercera explicación, más estructural y más inquietante. Morris nunca dejó de ser sionista. Lo que cambió no fue su identidad sino su disposición a sostener la tensión entre esa identidad y los hechos que él mismo había documentado. Durante los años 80 y 90 pudo vivir con esa contradicción: soy sionista y la Nakba fue un crimen. Después de la Segunda Intifada decidió resolver la contradicción en favor de la identidad, no de los hechos. El conocimiento histórico no produjo consecuencias éticas. Se puede saber todo sobre la expulsión de un pueblo y concluir que fue necesaria —e insuficiente.
El espejo del sionismo liberal
El sionismo liberal ha vivido durante décadas en la misma tensión que Morris sostuvo y luego abandonó: la de querer ser a la vez depositario de valores universales y defensor de un proyecto nacional que se construyó sobre la exclusión del otro. Mientras esa tensión fue manejable —mientras el «proceso de paz» ofrecía un horizonte tranquilizador— fue posible sostener ambas cosas.
Cuando la realidad hizo esa tensión insostenible, cada quien la resolvió a su manera. Morris la resolvió legitimando lo que previamente había denunciado. Otros abandonaron el sionismo. La mayoría sigue sin resolverla.
Lo que Morris revela, involuntariamente, es que el problema del sionismo liberal no es de información sino de identidad. No se trata de que sus adherentes no conozcan los hechos —Morris los conocía mejor que nadie. Se trata de que cuando los hechos entran en colisión con la identidad, la identidad suele ganar.
Buber lo advirtió hace un siglo: un proyecto nacional que pone la pertenencia étnica por encima de la ética no puede llamarse liberal. Tarde o temprano, tendrá que elegir.
Morris eligió. Y su elección ilumina, con una claridad brutal, la contradicción que el sionismo liberal todavía no ha resuelto.
Fuentes
– Benny Morris, The Birth of the Palestinian Refugee Problem, 1947–1949, Cambridge University Press, 1988
– Benny Morris, The Birth of the Palestinian Refugee Problem Revisited, Cambridge University Press, 2004
– Ari Shavit, entrevista con Benny Morris, Haaretz, enero de 2004
– Perry Anderson, «Benny Morris, On Ethnic Cleansing», New Left Review, marzo-abril de 2004
– «No More Tears», Middle East Report (MERIP), 2004
– «Benny Morris», Wikipedia — The Free Encyclopedia